#IdeasParaDuqueTv

Es lunes y una nueva emisión del programa de televisión del presidente está por comenzar. Hay nerviosismo en el set de Palacio. María Paula Correa, su mano derecha, ya cuadró el pote de gel con el que siempre decoran la mesa, y le advirtió que no lo use a modo de gomina.

En mangas de camisa, el mandatario ultima detalles.

— ¿Cuál es mi chaqueta, que ya casi vamos al aire…? —pregunta, con la ansiedad en la boca.

— La que dice Iván Duque —responde Hassan Nassar.

— ¿Y mi termo? —pregunta presuroso.

— El que dice Iván Duque –le señala de nuevo su consejero.

Se respira adrenalina. El director del DANE maquilla la frente presidencial como si fuera un informe de cifras, y con un par de retoques la deja como la atenida gestión de la vicepresidenta: sin ningún tipo de brillo.

— ¡Vamos al aire! —anuncia el ministro Carrasquilla.

— ¿Ya es la hora?

— No, no, digo en general: vamos mal. Si no le metemos banca privada a esto, no salimos.

— ¿No salimos al aire? —se preocupa el presidente.

Está nervioso. Le quedan todavía algunos breves minutos para repasar la emisión de su programa de hoy que no se llama “Aló, Presidente”, como el de su vecino, sino “Conéctate con Duque”: un nombre bastante inferior al ochentero “El Duque de Hazard” que él mismo propuso y que el jefe eterno del canal no autorizó.

—¿Alcanzo a un brownie? —pregunta el mandatario.

—El último —concede María Paula Correa, su mano derecha—. Y rápido.

—¿Hoy sí podré sacar la guitarra?

—No es momento —dice Hassan.

—Pero los presidentes de otros países lo hacen: miren a Maduro o a Bucaram. Miren a Piero.

—Piero no es presidente, Presidente.

—El programa no puede ser hablar y hablar: cualquier Talk Show tiene segmentos —se queja.

A diferencia del brownie, que devora en instantes, la negativa no le gusta. Desde que llegó Hassan Nassar siente que no le permiten crear. Aquel programa en que invitó a William Vinasco para narrar el gol de Colombia contra el Coronavirus (el partido quedó Colombia 1 – Covid 19) fue el que más se gozó. Pero es la única idea que le han admitido. Por lo demás, siente que le coartan su creatividad; que no lo deja ser ese hombre repentista y multifacético que mostró ser en elecciones.

Despediría a Hassan, pero se quedaría sin el hombre que le lee el futuro.

—Presidente —se acerca, precisamente, el propio Hassan, teléfono en mano—: se nos viene otro escándalo: hace unos años escribí este trino, un trino quejándome de que el gobierno derroche dinero: ¿ha habido algún gasto importante?

—¿Aparte de los 9 600 millones en camionetas?

—¡Gastaron 9 600 millones en camionetas!

—Pues sí: para que no nos critiquen por usar el avión presidencial.

—Pero en los trinos hablo de publicidad: ¿ha habido gastos en publicidad que mi yo del pasado pudiera criticar?

—Salvo los 3 350 millones en publicidad, ninguno —responde, seguro, el presidente.

—¿Gastamos toda esa plata en publicidad en plena pandemia? —se asombra Hassan.

—En manejo de redes, sí… Para crear tendencias, para posicionar el programa…

—¿El de gobierno?

—El de televisión, Hassan: al fin me siento a gusto. Quiero que en esto sí me vaya bien.

Y seguramente sucederá. El programa ha resultado un éxito, y la emisión de hoy viene con un anuncio que disparará la audiencia al mismo nivel del capítulo en que entrevistó a la doctora Lina Triana, experta en rejuvenecimiento vaginal: anunciará que los niños podrán salir tres veces a la semana (jugada maestra para que la medida incluya a Andrés Felipe Arias). Pensó invitar a “el Cantante del gol” para contarlo, pero sería repetir la fórmula del éxito: y él se quiere reinventar, como le insiste a su equipo. Por eso aceptó lanzar la exclusiva con un ministro.

—Con cualquiera —dijo en su momento— menos el señor de allá, que siempre pide la palabra y nunca habla. Y no para de moverse, me desconcentra. Ni siquiera me sé el nombre, porque ese tampoco lo designé yo.

—Ese, Presidente, es el traductor de señas.

Alicia Arango da la voz de que quedan cinco minutos. Ya está listo el cojín en el asiento del ministro Malagón. Es el mismo que usarán en el programa “El Presidente les responde a los niños”. El mismo ministro, se entiende. María Paula Correa pide que repase el libreto. Habrá un segmento de medidas contra el virus en que anunciará la inversión en equipos para el Esmad. El corte tipo Televentas que propuso, en que la ministra de ciencia promovería un menjurje contra el cáncer, no fue aprobado: otra frustración. En cambio, entrevistará de nuevo al ministro de salud y al director del Planeación, al que le dieron instrucciones para que hable más despacio, porque modula a la velocidad de Juan Guaidó y el traductor de señas siempre termina con dolor de bazo. Cuando pase a la oposición, chuzarlo resultará un esfuerzo infructuoso.

—Presidente, a propósito, no nos han autorizado hablar de las chuzadas —le advierte Nassar—. De vacunas, sí; de chuzadas, no: ¿entendido?

—Otra pregunta, amigo periodista —bromea el mandatario.

La ministra de energía prende las luces. María Paula Correa inicia el conteo. El presidente se distrae observando al traductor de señas, pero logra concentrarse cuando Hassan Nassar grita “¡al aire!”: entonces saluda a la familia colombiana y comienza una nueva emisión del Duque de Hazard.

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